Consejos para actualizar tu tarjeta gráfica


A la hora de dar una segunda vida a un PC muchos usuarios optan por actualizar su tarjeta gráfica, un movimiento que puede parecer sencillo y que ciertamente es recomendable si nos vamos a centrar sobre todo en jugar, pero que esconde varias cuestiones esenciales que debemos tener en cuenta para no equivocarnos.

No, no basta con pensar en montar la tarjeta gráfica más potente que nos permita nuestro presupuesto, ya que si nuestro equipo tiene limitaciones importantes es posible que no lleguemos a aprovecharla o que incluso acabemos por estropearla, así que debemos tener mucho cuidado.

Sé que más de uno de nuestros lectores habrá intuido algunas de las limitaciones y claves que vamos a exponer, pero estoy seguro de que esta guía os será igualmente de ayuda, incluso para nuestros seguidores más avanzados.

Sin más nos ponemos manos a la obra y como siempre os invito a dejar vuestras opiniones y dudas en los comentarios.


Presupuesto, ¿gráfica nueva o de segunda mano?

Lo primero que debemos tener en cuenta es obviamente nuestro presupuesto, ya que en función del mismo nos puede compensar más buscar una solución gráfica nueva o de segunda mano.

En este sentido es importante tener claro que cuando hablamos de segunda mano no nos estamos refiriendo únicamente a la compraventa entre particulares, ya que hay minoristas como Amazon que da la opción de conseguir productos restaurados a precios muy buenos y con garantía.

Obviamente no todas las ofertas son atractivas, pero en ocasiones es posible encontrar algunas muy recomendables, como por ejemplo una que os dejamos recientemente en un Red Friday que permitía comprar una R9 270X por unos 111 euros, un verdadero chollo.

Con esto os queremos decir que no debéis cegaros necesariamente en ir a por una tarjeta gráfica nueva, sobre todo si tenéis un presupuesto reducido, ya que es posible que buscando a fondo encontréis soluciones restauradas, totalmente fiables y con una relación calidad-precio muy superior.

Fuente de alimentación que tenemos

Es vital, ya que de ello depende el buen funcionamiento de nuestra nueva tarjeta gráfica. Si tenemos una fuente de baja potencia, inferior a los 400W, y encima es genérica, debemos tener claro que por mucho presupuesto que tengamos no podremos montar una tarjeta gráfica de gama alta, ya que la fuente no será capaz de suministrar suficiente potencia.

Si aún así nos la jugamos y montamos una tarjeta gráfica en una fuente de baja calidad y menor potencia a la mínima recomendada corremos el riesgo de estropear la tarjeta y de acabar dañando además otros componentes de nuestro equipo, con todo lo que ello supone.

Por otro lado incluso en el mejor de los casos si la fuente aguanta sin estropear ningún componente quedamos expuestos a otros problemas, como por ejemplo que la falta de potencia se deje notar en picos de consumo bajo altas cargas gráficas y se produzcan bloqueos, parones o pérdidas de rendimiento realmente molestas.

Con esto en mente podemos concluir que para fuentes de baja calidad y potencia reducida soluciones como las GTX 750 son la opción más recomendable, mientras que si tenemos fuentes de calidad y potencia superior a los 500W ya podemos optar por soluciones de gama media alta como las GTX 970, por ejemplo.

En el caso de AMD la cosa cambia ligeramente, ya que generalmente sus soluciones gráficas tiene consumos algo más elevados, así que tenedlo en cuenta y aseguraos de que cumplís siempre con el mínimo recomendado por el fabricante, aunque si vuestra fuente es genérica es totalmente recomendable que su potencia sea superior a dicho mínimo.

Tamaño de la caja donde va a ir instalada

No es la primera vez que me encuentro con usuarios que compran emocionados una tarjeta gráfica potente y luego no les cabe en su equipo, algo que suele ser muy habitual en soluciones gráficas de gama alta.

Ten en cuenta el espacio que tienes en tu caja, y también la ventilación de la misma, ya que por lo general en aquellas de menor tamaño todo suele estar bastante comprimido y el flujo de aire puede llegar a ser un problema si utilizamos tarjetas gráficas de alto rendimiento que generen también mucho calor.

En este sentido si por ejemplo nuestra fuente es pequeña o no estamos seguros de su capacidad interior lo mejor es ir sobre seguro y comprar versiones ITX, un formato que actualmente resulta muy sencillo de encontrar y que no se limita a soluciones gráficas de gama baja.

Por otro lado tampoco suelen implicar un aumento de precio ni una pérdida de rendimiento, así que tenedlo presente a la hora de actualizar.

Procesador que tenemos en nuestro PC

Un punto muy importante, ya que nuestra CPU puede llegar a causar un cuello de botella considerable si la misma no tiene la potencia suficiente como para mover la nueva tarjeta gráfica que hemos comprado.

Este punto daría para hacer un artículo independiente bastante extenso, así que no nos explayaremos demasiado ni caeremos en complicaciones que nos obliguen a profundizar demasiado, pero sí que os dejaremos los puntos más importante.

Lo primero que debemos tener claro es qué es un cuello de botella. Dicho de la forma más sencilla posible cuando usamos ese concepto para referirnos a la CPU estamos diciendo que el procesador no es capaz de seguir el ritmo de la GPU, lo que implica que la misma no pueda rendir al 100%.

Un cuello de botella de este tipo se ve fácilmente con herramientas que permiten visualizar el consumo de recursos que de una aplicación o juego, pero también en comparativas de rendimiento de mayor complejidad.

Así, si vemos que el consumo de nuestro procesador llega al 100% pero el de nuestra GPU queda por ejemplo en un 50% tendremos un cuello de botella claro.

¿Qué pautas debo seguir entonces? Si tienes un Core 2 Duo o un Athlon 64 X2 no podrás aprovechar adecuadamente más allá de una tarjeta gráfica de gama baja-media, tipo GTX 750 o Radeon HD 7790, por ejemplo.

Por contra los Core 2 Quad o Phenom II X4 a 3 GHz o más casan bien con gráficas de gama media tipo Radeon R9 270X o GTX 660, mientras que los procesadores más actuales, tipo Core i5 serie 2000-FX serie 8300 o superiores no tienen problemas con gráficas de gama alta.

Obviamente esta exposición es muy general para evitar caer en complicaciones que eleven la extensión del artículo, pero estoy seguro que os sirve de referente para tener claro por dónde debéis moveros.

Finalmente un apunte, y es que si tenéis pensado actualizar también el procesador a corto plazo no os debe importar comprar una tarjeta gráfica que no sea acorde a vuestro procesador actual, ya que el cuello de botella será temporal y acabará una vez que actualicéis al nuevo procesador.

Sistema operativo y soporte de DirectX

A veces lo pasamos por alto pero es importante, de hecho más de lo que pueda parecer. Si tenemos todavía un equipo basado en Windows XP debemos tener presente que no podremos aprovechar las ventajas de una tarjeta gráfica compatible con DirectX 10 o superior.

Esto supondría hoy por hoy una limitación muy grande, ya que los juegos actuales sólo son compatibles en su inmensa mayoría con DirectX 11, lo que implica que no podremos disfrutar de ellos si nuestro equipo no soporta dicha API gráfica.

Lo dicho se extiende también al grado de soporte de DirectX de la tarjeta gráfica que vayamos a comprar, muy importante si recurrimos al mercado de segunda mano y a soluciones antiguas, ya que las series Radeon HD 4000 e inferiores y GTX 200 e inferiores sólo llegan a DirectX 10.

Resolución y aspiraciones de calidad gráfica

Muy importante si no queremos llevarnos una desilusión debido a una mala inversión. La resolución a la que queremos jugar es determinante, ya que de ella podremos derivar la gama en la que debemos centrarnos.

Si queremos jugar en resoluciones inferiores a 1080p cualquier solución tipo GTX 750 o Radeon HD 7790-R7 260 es suficiente y nos proporcionará una experiencia más que buena. Por lo general 1 GB de memoria de vídeo es suficiente a estas resoluciones y más de 2 GB de VRAM es innecesario.

Por contra si vamos a jugar a 1080p lo más recomendable son soluciones de gama media como las R9 380 o GTX 960 con 2 GB de VRAM. En algunos juegos tener más de 2 GB de VRAM pueden ayudar a mejorar el rendimiento, pero sólo en casos muy puntuales.

Finalmente para jugar a 1440p o superiores debemos apostar como mínimo por soluciones como las R9 290-R9 390 o GTX 970. En estos casos los 4 GB de VRAM sí se dejan notar y marcan diferencias claras y evidentes.

Antes de terminar un apunte, y es que en cualquier caso debéis priorizar la velocidad de la memoria gráfica de la tarjeta gráfica antes que su cantidad, algo especialmente importante en las gamas bajas-medias, buscando siempre que la misma sea GDDR5 y no DDR3.

Posibilidad de hacer SLI o CrossFire

Es el último apartado y su importancia es menor, pero igualmente es interesante tenerlo en cuenta ya que hay tarjetas gráficas de gama media que escalan realmente bien en configuraciones multiGPU.

Si tenéis pensado ampliar en el futuro añadiendo una segunda tarjeta gráfica debéis aseguraros de comprar una que soporte dicha característica, ya que de lo contrario os veréis limitados a vender la que tenéis y comprar otra nueva.

Por lo general la mayoría de soluciones gráficas de gama baja-media y media soportan estos modos, así que no es nada especialmente complicado, aunque es conveniente que antes de nada tengáis claro si os va a compensar en términos de escalado y consumo.

Notas finales

Creo que la mejor forma de terminar este artículo es poner ejemplos prácticos de actualizaciones recomendadas para tres tipos de equipos modelo, siguiendo las pautas que hemos expuesto en el mismo.
  •     Core 2 Duo 8400 a 3 GHz, fuente de 400W genérica, monitor 900p: recomendada GTX 750.
  •     Phenom II X4 a 3,6 GHz, fuente de 550W 80 Plus Bronze, monitor 1080p: recomendada R9 380-GTX 960.
  •     Core i5 3670K a 4 GHz, fuente de 650W 80 Plus Silver, monitor 2K: recomendada R9 290.