Dragon Age Inquisition hecha fuego

El dragón de las esferas de oro


Por Stephanie Zucarelli en la revista NO de Pagina12.

El que alguna vez soñó con vivir en un mundo medieval seguramente conoce la saga de Dragon Age, el videojuego donde el jugador podía plantear estratégicamente cómo aporrarse de lo lindo con hachas, mazos y otras peripecias en una edad oscura fantástica. A cuatro años de la que era la última entrega, EA y Bioware lanzaron por fin Dragon Age Inquisition, un tercer capítulo que da cátedra a los lanzamientos que sacudieron al mundo gamer recientemente.

Esta versión es un claro ejemplo de lo que debería ser un videojuego con una historia bien cerrada y formada. El usuario puede sentirse más que cómodo con las opciones que lo hacen participar de la trama y perderse de lo lindo en los mapas extremadamente grandes que prometen horas eternas de juego, solamente completando sidequests.

Pero el que se casó con Dragon Age I y Dragon Age II definitivamente va a notar que el gameplay es muy distinto. La aventura que se había convertido en un clásico del rol táctico tiene un gran tinte de juego de rol de acción, pero es esto mismo lo que da la posibilidad de incluir una versión multiplayer bastante dócil y una buena interacción entre jugadores.

Los fanáticos de las PC van a sentirse un poco divorciados con los nuevos controles y cámaras que plantea Inquisition, que parecen haber sido rediseñados para la sola comodidad de los joysticks de PS4 y XBOX-One. En tanto competencia gráfica, sigue sin haber nada que hacerle: en PC los gráficos sacan fuego y obtienen una fluidez particular.

Si lo que se busca es una travesía virtual que cambie el paradigma del mundo, todas las entregas de Dragon Age son un perfecto ejemplo de juego que lava el cerebro para que se empiecen a ver barritas de vida en todo. Pero si el CandyCrush te sigue emocionando y el Flappy Bird te pone los pelos de punta, alejate rápidamente de esta saga no apta para casual gamers.