Los Gamers son los nuevos rockstars

Sobre el oficio de ser gamer y sobre Ocelote embajador de Argentina en League of Legends.

Primero actores, luego rockeros, más tarde futbolistas y ahora gamers: ganan cientos de miles de euros y viajan por el mundo apretando botones.

La frase “dejá de jugar a los jueguitos” quedó marcada en el inconsciente de todo el que alguna vez tuvo un control o teclado a mano. Sin embargo, la pasión por los videojuegos dejó una marca y los chicos “gamers” que pasaban sus horas libres jugando al Counter-Strike son ahora reconocidos como “deportistas electrónicos”. ¿Un ejemplo? Carlos “Ocelote” Rodríguez Santiago, quien llegó este mes desde Madrid para engalanar la final de la primera liga profesional en Argentina de videojuegos, la Serie de Campeonato Argentina, disputada este martes en el Teatro Metropolitan.

“¿Cómo vas a jugar a un juego? ¡Eso no te va a dar nada!”, es todo lo que escuchaba Ocelote en sus primeros pasos como profesional. Nadie en el mundo occidental esperaría que el muchacho de 23 años se convirtiera en toda una celebridad del gaming, atosigado por fans en torneos, y hasta que tuviera que caminar por las calles de Singapur con dos guardaespaldas para que apartaran a las personas. “Es muy normal que la gente no lo acepte. Pero yo tenía en claro lo que quería hacer y lo hice”, comenta.

A simple vista se puede notar su instinto competitivo a flor de piel y no es de sorprender que haya llegado tan lejos en su pasión, que gestó a partir de los 12 años. Su lado competitivo despertó al entrar en contacto con gamers de todo el mundo en el World of Warcraft. Fogoneó un duro entrenamiento guiado por una meta: “Me propuse ser muy bueno. Quería ser el mejor de Madrid, el mejor de mi servidor. Luego ser el mejor europeo y después del mundo”.

La cara se le llena de asombro cuando recuerda la primera vez que puso pie en un torneo mundial: “Mi sensación fue impresionante, era una locura. Tenía 18 años recién cumplidos. Sentí mucho respeto por la gente, me había entrenado para jugar bien ahí”. Desde entonces, Oce construyó su camino para convertirse en una figura pública y su posición como profesional se determinó con una naturalidad que los países latinoamericanos todavía ni sueñan en imaginar: poder entrar a torneos, participar, armar su propia empresa y llegar a ganar unos anecdóticos 700 mil euros anuales.

Pero sus ansias de competencia quedaron grandes para un juego que lo aburrió. Al año de haber hecho un impasse con el World of Warcraft, amigos desarrolladores del neonato League of Legends le pidieron que “catara” la modalidad que estaban construyendo. Fue amor a primera vista: “Lo que me gustó del LoL fue que al no ser tan difícil, se hace más complicado el ser muy bueno”. Sus ganas de entrar en competencias y su exigencia a la hora de jugar lo convirtieron en prácticamente el embajador del League of Legends, transformando a muchos jugadores en verdaderos fanáticos de un videojuego que estalló como fenómeno internacional.

Como analista más que calificado del panorama del gaming profesional, Ocelote tiene sus diferentes pericias, dependiendo de la liga en la que le toque participar. Insiste en que al gamer argentino le queda mucho por mejorar y dictamina un tiempo de alrededor de cinco años para que los jugadores nacionales puedan abrirse paso entre las ligas europeas. Pero destaca que este crecimiento no es otra cosa que el trabajo en conjunto de la difusión que brinda la comunidad: “A partir de la evolución de las figuras, también se llega a tener un sueño mayor”, comenta Ocelote, ahora reconocido como el Messi del League of Legends. “Es muy importante tener la oportunidad de llegar a un volumen masivo de gente y compartir tu experiencia.”

Nota original salida en la revista NO de pagina 12