Videojuegos made in Bolivia: Cuatro desarrolladores de este arte hablan de sus obras

 Hoy se celebra en Latinoamérica y en España el Día Mundial del Videojuego. Hace años que esta tecnología dejó de ser algo exclusivo para gente que podía costearlos. Ahora uno puede encontrarlos hasta gratis.

Hoy se celebra en Latinoamérica y en España el Día Mundial del Videojuego. Hace años que esta tecnología dejó de ser algo exclusivo para gente que podía costearlos. Ahora uno puede encontrarlos hasta gratis. Y algo muy importante es que crear y desarrollar videojuegos también es más sencillo. Y Bolivia no es la excepción.


Miguel Velasco es de La Paz, es coordinador de la Asociación Boliviana de Videojuegos y director creativo de VReality Bolivia, empresa que desarrolla videojuegos. Velasco dice que, si bien en el país la producción de videojuegos no es grande, eso ha ido cambiando poco a poco. Menciona que antes el pobre acceso al internet y sus elevados costos eran un gran problema. Velasco en 2016 ganó el Premio Eduardo Abaroa con el videojuego titulado Jukumari.

El juego Jukumari, ganador del premio Eduardo Abaroa de Videojuegos en 2016

Para el diseñador, uno de los problemas actuales es la falta de incentivos para desarrollarlos. “Faltan incentivos en el tema de menos impuestos, en fomentos de creación de contenidos, porque es bastante caro realizar videojuegos, interviene gente de varias áreas: músicos, dibujantes, animadores, diseñadores gráficos”. Velasco agrega que si bien se puede hacer juegos con pocas personas que ocupan diferentes roles, ahí se necesita un poco más de conocimiento de todos, porque tienen que cumplir múltiples áreas y es un proceso lento.

“Ahora está sucediendo algo interesante en Bolivia: hay una comunidad que está creciendo, está armando equipos, se está investigando, y más adelante se verán los resultados”, explica.

El videojuego Jukumari tiene una temática ambiental

El creador de videojuegos cuenta que los Bs 20.000 del Eduardo Abaroa apenas cubrieron el trabajo que hicieron tres personas para su proyecto. “Claro que hay otros juegos que son mucho más baratos, como los que piden las empresas para posicionar su marca, que pueden hacerse por Bs 3.000”.


También hay juegos que tardan años en terminarse, y esos están por encima de los $us 10.000.

Velasco dice que la Asociación Boliviana de Videojuegos está enfocada en hacer industria, en que la pequeña comunidad que la conforma pueda hacer videojuegos y así generar bastante movimiento económico para el país.

Constancia y dedicación

Ruth García hizo su primer videojuego en 2016, para un concurso del ministerio del Medio Ambiente y Agua. Su juego ganó, se llamaba Soy el futuro y lo realizó con un par de amigos. Después hizo otro más.

Ruth García muestra imágenes de su juego Hipnagogia, que lanzará en 2022

Y si bien García ha pasado los últimos años haciendo videojuegos para empresas e instituciones, también se da tiempo para hacer juegos propios. Desde hace algún tiempo viene trabajando en uno que se llama Hipnagogia, que tiene pensado lanzarlo en agosto del próximo año. “Fui a una especie de congreso de videojuegos, expuse mi idea. No era algo tan exhaustivo al momento de hablar de los videojuegos como negocio, solo era para ver si el juego podía o no ser bueno en el mercado. Y gané el premio, me dieron financiamiento y con eso puedo costearme trabajar seis horas al día en el que estoy haciendo, me estoy pagando a mí misma mi propio sueldo”.

Hipnagogia lo está haciendo ella sola. “Sí, se necesitan un montón de cosas para hacer un juego, pero me he lanzado a hacerlo yo sola, solo le he pagado a un amigo para que me haga la música”, señala la artista. Hipnagogia es un juego en 2D en el que el jugador maneja las manos de un doctor. “Cuando amanece puedes hacerte desayuno y en el trabajo tienes que llenar el formulario de ingreso de los pacientes, y una vez llenados los formularios los llevas a enfermería y revisas a los enfermos con el estetoscopio”, explica García.

Informática de profesión, sabe que en nuestro país se hacen muchísimos menos juegos que en Canadá o en Estados Unidos, pero dice que al menos no estamos tan mal como en otros países. “Aquí por ejemplo las ONGs están interesadas en juegos para concientizar, para educar a las personas, pero he escuchado que en otros países conseguir un contrato para hacer un videojuego es super difícil. Aquí al menos hay el mercado”.

En Hipnagogia, el jugador hace el papel de un doctor en su vida cotidiana

Ruth indica que hay algunas opciones para lograr que a un juego le vaya “bien”. Una de ellas es lanzar un demo del videojuego con las características que uno quiera, el siguiente paso es presentarlo a un inversor o publisher. “Ese inversor o publisher te puede conseguir un equipo y hacer el juego de una forma más robusta. En eso estoy ahora, quiero desarrollar un producto que pueda ir a mostrarle a los inversores y decirles: ‘miren, este juego quiero hacer, ¿Será que me dan dinero para que pueda hacerlo bien?’”.

La creativa explica que si ella lo publica por su cuenta puede ser que llegue a algunas personas, pero si busca un inversor ellos se encargarán de hacerle el marketing, para que llegue a mucho más personas. “Ellos se quedan con un porcentaje de las ganancias y por eso les interesa que el juego se venda”, aclara.

La diseñadora de juegos valora el trabajo que hace la Asociación Boliviana de Videojuegos, que siempre están avisando de becas para eventos relacionados. Gracias a ellos consiguió una en la Game Developers Conference (Conferencia para desarrolladores de juegos), una de las más importantes del mundo a la que asistió y recibió consejos de expertos de todo el mundo.

García también dice que el Premio Eduardo Abaroa es una de las pocas iniciativas en Bolivia que toma en cuenta el videojuego, pero para ella los términos y condiciones que imponen son bien abusivos, ya que se quedan con la propiedad intelectual.

El éxito de MiniDoom II

Pero si se habla de juego independiente y exitoso en Bolivia, hay que hablar de los hermanos Juan Carlos y Felipe Porcel, creadores de MiniDoom y sobre todo de MiniDoom II, que ya tiene más de 100 mil descargas desde que fue lanzado en 2018. MiniDoom II es un fangame (un videojuego no oficial creado desde cero por fans, basado en una franquicia ya existente) en homenaje al juego Doom de John Romero. MiniDoom II cambia la mirada del jugador de ‘disparador en primera persona’ que tiene el de Romero a un juego de plataforma clásico en 2D. 

Juan Carlos indica que MiniDoom nace de la convocatoria para un taller de programación que iban a dar con su hermano. Se les ocurrió hacer un pequeño juego para atraer alumnos, decidieron darle una ‘pintada’ a algún juego que no tenga absolutamente nada que ver con plataformas. “Así que decidimos tomar los personajes y la apariencia visual de Doom, y usar eso para pintar a nuestro pequeño platformer, y que esa sea la propaganda para el curso de programación”, dice Juan Carlos.

Portada de MiniDoom 2, que tiene más de 100 mil descargas

Varias personas comenzaron a jugar ese demo, ya que lo pusieron en internet para que la gente se lo baje. “Al final le dieron más bola al juego que al curso, así que decidimos continuar nomás con él. Le dimos un retoque leve, mejoramos un poco las gráficas, mejoramos un poco los controles y decidimos hacer una siguiente versión. Pensamos que nos tomaría poco tiempo, unos seis meses, nada muy increíble. Y al final eso terminó estirándose a dos años. Ya no era una mejora lo que hicimos, sino otro juego: el MiniDoom II. Y a partir de ese juego hicimos nuestra página web, nos inventamos nuestro estudio, que se llama Calavera Studios. Nos fue bastante bien desde el lanzamiento, hasta enero de este año ya tenemos más de 100.000 descargas”, dice Juan Carlos.

“Empezó como un chiste que fue muy bien recibido. Resonó mucho con los fans de Doom. Tuvimos mucha suerte y realmente llegamos a ese mercado de gente que quería jugar nuestro juego”, dice Felipe. “Aunque no diría que llegamos a un mercado, más bien es una comunidad”, agrega Felipe.

La primera versión fue lanzada en mayo de 2016. En marzo de 2018 fue lanzado el MiniDoom II.

“Lo único que invertimos ha sido nuestro tiempo”, dice Juan Carlos, que es ingeniero informático, mientras que Felipe es diseñador gráfico. La música de MiniDoom II está a cargo de Manuel Soruco, quien los contactó e hizo también todos los efectos de sonido.

“Lo único que tienes que hacer para triunfar es un buen producto y lanzarlo al internet para que la gente lo consuma. Pero muchas veces en Bolivia la gente primero necesita el dinero para después empezar a hacer las cosas”, acota Juan Carlos. En este sentido, señala que la plataforma de videojuegos independientes itch.io es de gran ayuda para todos los que quieran crear un juego y que llegue a un público.

0 comentarios: